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Meritxell Martínez Ferri Del Servicio de Neurología del Hospital Muta de Terrassa, Coordinadora del registro EURAP en España Miguel Rufo Campos. Jefe de Neurología Infantil HHUU Virgen del Rocío de Sevilla. Profesor Asociado de Pediatría. Universidad de Sevilla

qué hacer en las primeras crisis

El célebre filósofo griego Aristóteles, nacido a la sombra del monte Athos en el año 480 antes de Cristo, y descendiente de una de las dinastías médicas mas importantes de Grecia, decía que “El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”.

Esta es una de las principales normas que siempre deben seguir tanto el médico como los familiares, con los pacientes pediátricos afectos de epilepsia, y que a pesar del tiempo transcurrido, es una norma que sigue estando de rabiosa actualidad.

Hay que conocer, que por regla general, las crisis epilépticas tienen un comienzo brusco y repentino, durando unos pocos minutos. Pero es imprescindible para su correcta evaluación, saber que durante la crisis epiléptica se puede perder el conocimiento, tener movimientos rítmicos o no, y el niño puede no darse cuenta de nada, o puede permanecer consciente y notar movimientos bruscos involuntarios, o una sensación o emoción anormal.

Como todos conocemos, existen dos tipos esenciales de crisis epilépticas: las generalizadas, en las que la descarga eléctrica cerebral afecta a toda la superficie del cerebro, y las parciales o focales, en las que la descarga epiléptica comienza en una zona concreta del cerebro.

Y aunque las crisis focales son las más numerosas, hay ocasiones en que la descarga de un foco epiléptico de una crisis parcial, se extiende por toda la superficie del cerebro,transformándose en una crisis generalizada.

Qué hacer

Cuando un paciente pediátrico sufre una crisis epiléptica, lo primero que debe hacerse es no asustarse y mantener la calma en todo momento.
No es necesario sujetarlo ni tratar de reanimarlo, y con lo único que hay que tener mucho cuidado, es con evitar que pueda hacerse daño. Para ello, será importante alejarlo de los objetos peligrosos que puedan dañarlo.

Sería recomendable tumbarlo en el suelo, con la cabeza lateralizada hacia un lado, y colocando algo blando (chaqueta, chaleco, almohada, etc.) debajo de la cabeza para evitar que se golpee. Pero quizás lo más importante, y por donde suelen venir todas las complicaciones, es despejar las vías respiratorias, para ayudarle a respirar, y evitando que un posible vómito obstruya los pulmones.

No es necesario intentar abrirle la boca a la fuerza, y por supuesto, no colocar pañuelos ni otros objetos entre los dientes. La mordedura de la lengua, que ocurre en la primera fase de la crisis, es un daño menor.

Mientras, es necesario observar todo lo que ocurre durante la crisis, ya que un alto porcentaje del diagnóstico de la misma se basa en el relato que le hagamos al especialista de cómo ha sucedido, y las circunstancias que han acompañado a la crisis.

Es muy importante recordar la forma de inicio, los síntomas acompañantes, la posición de la mirada, los movimientos o la rigidez, y especialmente la duración.

Si es una primera crisis o una crisis de larga duración (más de 15 minutos) llevaremos al niño a un Servicio de Urgencias. Debemos conocer que posterior a la crisis, el niño entre en un sueño profundo, o esté muy cansado o desorientado. Esto es normal, y no es la crisis. Hay que dejarlo descansar, o hablarle, abrazarlo y orientarlo.

Qué NO hacer

Mucho más importante es lo que NO se debe hacer: no es necesario realizarle una respiración artificial al niño, ni sacudirlo o golpearlo para que se le terminen los movimientos, ya que las crisis suelen interrumpirse de forma espontánea; no hay que ponerle alcohol en la frente, pues no tiene ninguna utilidad y podría dañar los ojos, no hay que echarle agua en la cara, ya que le puede perjudicar; es muy importante no darle ninguna medicación por boca, pues el niño está inconsciente, no puede tragar, y le podemos provocar un cuadro de asfixia, además de que los medicamentos administrados por vía oral, no tienen una acción inmediata.

En cuanto se pueda, acudir a un neuropediatra para que instaure o modifique la medicación adecuada. Hay que tener en cuenta, que los niños tienen un metabolismo distinto al de los adultos, con una absorción y eliminación, por regla general, distinta. Es aconsejable acudir a un profesional de confianza, y cumplir lo que nos diga con los ojos cerrados. Las múltiples opiniones y diagnósticos, pueden confundir la enfermedad y retrasar tanto el correcto diagnóstico como el tratamiento adecuado.


"Epilepsia infantil: un camino hacia la integración- Amalia Gordóvil Merino y Joan Guàrdia Olmos. Facultad de psicología. Universidad de Barcelona.




 
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