Asociación Amigos del Epiléptico de Badalona     Asociación Amigos del Epiléptico de Badalona
 




  Epilepsia y trabajo   Asociación Amigos del Epilépitco de Badalona  
 


No existe una legislación específica que proteja a los epilépticos en el trabajo y, de hecho, se sabe que la mitad de las personas que se encuentran en edad laboral y padecen epilepsia tienen problemas de desempleo, y que la tercera parte de los epilépticos tiene dificultades para conseguir un empleo.

Entre el 70 y el 80% de los pacientes afectados de epilepsia pueden desarrollar una actividad laboral normal. Pese a ello, tienen grandes dificultades para encontrar un empleo estable si su condición es conocida.

En España, la legislación en este aspecto es bastante permisiva, pero no se encuentra una actitud paralela a nivel del empleador. Una de las causas que contribuye a ello es la creencia de que las crisis son siempre muy frecuentes y de que los accidentes y las bajas por enfermedad pueden ser altos. Sin embargo, hoy día está demostrado que el absentismo laboral de los epilépticos es inferior al de otras enfermedades crónicas, por ejemplo las respiratorias, e incluso menor que el de la población general; también que la frecuencia de las crisis está limitada - cuando no perfectamente controlada- en ese 70 a 80% referido, y que la accidentabilidad es similar a la de cualquier grupo control.

Pese a que la mayoría de los epilépticos no requiere ayuda especial para ser laboralmente activos, las barreras legales para la obtención de un empleo se establecen según los países, afectando en general a determinadas profesiones (conductores de vehículos públicos, pilotos de aviación, marina mercante y ejército). Con respecto a la exención del servicio militar obligatorio, esta situación no debería haber figurado documentalmente, por el perjuicio que pueden suponer para la obtención de un empleo. Existen también limitaciones para desarrollar trabajos con cierto peligro por el tipo de maquinaria utilizada o por la permanencia en lugares peligrosos o cerca del agua, aparatos de alta tensión, líquidos tóxicos, combustibles, etc.

Estos problemas plantean un hecho real: ¿se debe revelar que se es epiléptico? Y, en caso afirmativo, ¿a quién?. Es evidente que en muchos casos el silencio es la actitud que va a adoptar el propio interesado mientras la comunidad no limite más que lo justo en su inserción laboral.

Existen una serie de principios básicos para favorecer el empleo del epiléptico: implican una adecuada información al empleador respecto a que las crisis pueden ser controladas en la mayor parte de los casos, aunque sólo una minoría de ellas ocurre durante la actividad laboral, a que la medicación - correctamente prescrita- no provoca efectos secundarios que incidan sobre el trabajo, y a que el número de actividades laborales limitantes es bajo, como antes hemos señalado.

En todo caso, el patrono debe considerar separadamente las aptitudes laborales y la coexistencia de la epilepsia, siendo obligación de los servicios médicos de empresa el determinar las limitaciones a la actividad. A pesar de todo ello, el problema de la incapacitación laboral del epiléptico sigue existiendo, pues la epilepsia se considera como una causa de incapacidad laboral absoluta, y queda la duda, como en muchas otras incapacidades, de si el paciente epiléptico puede efectuar otro tipo de trabajo o no.

Existe una Comisión para el Empleo, de la Liga Internacional para la Epilepsia, que ha elaborado unos principios relativos al empleo de los epilépticos, los cuáles, en líneas generales, les indican a los patronos algunos aspectos de los problemas sanitarios, haciendo hincapié en que muchos epilépticos tienen limitadas crisis a lo largo de su vida y que, en la mayor parte de los casos, la repetición de las crisis se puede evitar con un tratamiento adecuado, no interfiriendo la enfermedad ni la medicación, salvo en una minoría de casos, con la realización adecuada del trabajo habitual.

Un trabajador, tras sufrir una primera crisis, necesita apoyo psicológico y educación sobre la epilepsia, con lo que conseguirá su normal adaptación social y recuperar la confianza en sí mismo. La condición de epiléptico no requiere un tipo de seguro laboral distinto del de los demás empleados. En cuanto a la capacitación para un trabajo determinado, si el paciente posee capacidad y experiencia para él mismo, ésta debe asumirse, independientemente del diagnóstico clínico, salvo para aquellos casos en los que el riesgo para el trabajador o sus compañeros se vea directamente afectado por la posibilidad de una crisis.



 
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